17 dic. 2013

Capítulo 5.

Ver el comedor tan lleno de gente me parecía muy raro a pesar de que estaba esperando que llegase este día desde que empezó el verano.
La gente iba de aquí para allá con los platos en la mano, riendo y sin para de charlar de todo lo que se tenían que contar tras haber pasado un verano entero separados. Uno de segundo casi me tira su plato de espaguetis encima por estar demasiado pendiente en lo que su amigo le estaba contando.
Llegamos a nuestra mesa, pero antes de sentarnos divisé a Neil entrar por la puerta. Se le veía desorientado. Les dije a mis amigos que ahora volvía y fui hacia él.
-Hey, te ves algo perdido –le dije cuando estaba a su lado. Alzó los ojos hacia mí y pareció aliviado- Y no digas que no porque te lo noto en los ojos.
Rió y asintió.
-Me has pillado. La verdad es que no conozco a nadie excepto a ti, y casi me meto a la sala de actos en vez de al comedor.
-Oh, venga ya, ¿como has podido confundir el camino de la sala de actos con el del comedor?
-¿Estás de coña? Todos los pasillos de este internado son iguales. Bastante es que esté aquí ahora.

-Pobrecito, la próxima vez mandaré a alguien para que vaya a buscarte y haga de niñera.
Me pegó un suave puñetazo en el brazo.
-No te pases –contestó medio riendo.
-Además eso de que solo me conoces a mí va a cambiar dentro de un minuto. Sígueme, desorientado. No vaya a ser que te pierdas de aquí a la mesa. –me giré y empecé a andar hacia los demás, que de di cuenta de que ahora estaba prestando mucha atención a nuestros movimientos, sobre todo Soph, que además medio sonreía. Ya me imaginaba lo que estaba pensando.
-¿Me acabas de bautizar un mote?
-Tal vez.
-Woah, el primer día y ya tengo mi primer mote. Todo un récord. Pero que sepas que te la guardo. Ya te buscaré un mote yo a ti.
-Suerte con eso. No creo que encuentres ninguno.
No le dio tiempo a contestar porque llegamos a la mesa.
-Chicos, este es Neil Obkey, es nuevo, así que sed amables. –Ellos lo saludaron a coro. Miré hacia Neil- Neil, estos son Alec, Maica, Soph, Alex, Laia, Caroline y Jev.
Lo vi que estaba frunciendo el ceño, seguramente intentando acordarse de todo los nombres que le acababa de decir.
-No te preocupes, ya te irás aprendiéndotelos . –le señalé un asiento al lado mío, enfrente de Soph.
Él se sentó y le sonrió a la pelirroja, que hizo lo mismo.
-Tío, ¿cómo es que tus padres te han metido a este sitio? Yo si pudiera me iría de aquí sin pensármelo dos veces –le preguntó Jev mientras se servía un plato de pasta.
Jev era el más musculoso del grupo. Tenía el pelo y los ojos completamente negros y muy grandes. La gente, al ver el tamaño que tenía, se intimidaba y pensaba que no era un tío legal, pero era un amor de persona.
-Oye, no asustes al pobre chaval en su primer día de clase –le reprochó Maica.- No es tan mal sitio, no te creas nada de lo que éstos te digan.
Neil sólo se rió.
-Mis padres son abogados y no están prácticamente en casa, así que supongo que pensaron que era un estorbo para ellos y decidieron por fin meterme a un internado. Y digo por fin porque ya era raro que desde el principio no lo hubieran pensado de esa manera. Es decir, si no vas a estar nunca en casa y se tiene que ocupar alguien de tus hijos, que mejor sitio que un internado. Pero claro, son demasiado cabezotas. Grajes del oficio, supongo.
-Apuesto a que tú también has salido cabezota. –puntualicé.
-Bueno, bienvenido al equipo. Todos estamos aquí por las mismas razones, y si no iguales, parecidas –le dijo Caroline.- Típicos padres ricachones con trabajos demasiados importantes como para tomarse 5 minutos de sus vidas para sentarse con sus hijos a cenar o preguntarles acerca de cómo les había ido el día. –acabó la frase con asco.
Car antes tenía una familia normal y corriente como todas. Comían y cenaban en familia, se sentaban por la noche a hablar de cualquier tipo de cosas, juegos de mesa familiares y etc, etc. Pero su padre decidió hace unos años intentar sacarse la carrera de ministro (cosa que no es fácil) y resulta que su padre estaba, literalmente, hecho para el trabajo. Se le daba de lujo. Así que empezó a ir menos por casa. Y encima su madre se quedó embarazada, y claro, Car antes era hija única, y acostumbrarse a no ser el centro de atención siempre no lo llevaba bien. Al final, su madre no podía llevarlo todo ella sola y decidieron meterla a donde está ahora, Cimmeria.
-Si, bueno –Soph me miró como pidiéndome disculpas- la verdad es que la única que aquí lo tiene jodido es Crystal.
Yo me encogí de hombros. No puede joderte algo que nunca has vivido.
-No hay problema. Estoy acostumbrada ya que jamás los conocí. He crecido con Sylvain como familia así que es lo único que cuenta.
-¿Qué me he perdido? –preguntó Neil.
-En realidad, mi padre de verdad no es Sylvain, ni mi madre su esposa. –suspiré- Me adoptaron cuando seguramente tendría semanas, aunque sigo sin entender por qué lo hicieron. Al mismo tiempo tenían que criar a su verdadera hija, Natalie, asi que no sé que se les pasó por la cabeza en ese momento. Pero se han portado muy bien conmigo. Sylvain es condenadamente bueno conmigo, y su mujer intenta ser igual que él. Llevo así durante 16 años. Son mi familia. Les debo prácticamente todo.
-Oh, vaya…Lo siento –me dijo Neil.
-No pasa nada. Como ya he dicho, no los conocí.
-Pero aún así debe de ser frustrante, eso de no saber quienes son tus padres.
Me encogí de hombros nuevamente. Prefería no pensar en eso.
-Lo que yo no le debería a Sylvain desde luego, es el haber tenido que soportar a Nat durante 16 años –comentó Soph medio riendo para relajar el ambiente.
-Estoy de acuerdo con tigo completamente –intervino Alec.- Eh, Neil, ¿ves a esa tipa de allí que está ligando a saco sin ni siquiera disimular un poco con el rubito cabrón?
No necesité darme la vuelta para saber que Alec estaba señalando a Nat. Y, por supuesto, que el rubito cabrón era Ethan.
-Bien, pues si la ves alguna vez yendo hacia ti, date la vuelta y huye. Huye, hermano, porque si no estás perdido.
Neil lo miró divertido.
-Lo digo en serio, tío. –siguió Alec- si te escoge como su próxima víctima, buena suerte. Es una auténtica acosadora.
-¿Y eso lo sabes porquee…?
-Hace dos años me tocó a mí. Y te puedo asegurar que es lo más siniestro que me ha pasado en la vida. No me dejaba en paz ni un segundo. Hasta se esperaba en la puerta de los baños de los chicos cuando tenía que ir.
-Uooh, eso no me lo habías contado –le dije partiéndome de risa.
-Y probablemente hubiese seguido, pero entonces llegó el rubito cabrón y se pegó a él. Creo que esa fue la única vez que me alegré de que estuviera en Cimmeria.
-Pero parece que estoy a salvo, ya sabes, mientras el rubito cabrón siga aquí –señalizó Neil.-Aunque no creo que fuese un problema, estoy bastante acostumbrado a esas experiencias.
-¿Qué pasa, que en tu otro colegio todas las chiquillas iban detrás tuya? ¿Cuán perro sigue a su amo? –le preguntó Soph.
Neil torció la sonrisa.
-Más o menos.
-Creído –le soltó la pelirroja mientras le tiraba una migaja de pan. Pero de refilón vi un atisbo de sonrisa.
No quería comentarle a Soph nada, ya que no era precisamente una hipócrita; pues yo odiaba a la gente que en cuanto veía que eras amable con alguien o te divertías con esa persona, en seguida pensaba que te gustaba. No.
Yo no era de esas personas.
Ni lo sería.

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