17 dic. 2013

Capítulo 6.

A la mañana del día siguiente empezaban las clases.
Comencé a oír movimiento a las 6 y media de la mañana, probablemente de chicas que no querían tener que hacer cola para ducharse.
Oía pasos que iban y venían de un lado del pasillo al otro. Pero como no era de las que les gustaba madrugar, no me moví de mi cama. Ni pensaba hacerlo hasta que el despertador no hubiese sonado por lo menos 3 veces. A mi que me dejasen dormir como un lirón hasta que yo vea que tengo tiempo de levantarme, vestirme y llegar a tiempo al desayuno. Una vez hasta le propuse a Sylvain que los alumnos pudiesen bajar al desayuno en pijama pero, como era de esperar, se negó rotundamente.
Me dí la vuelta en la cama y me quedé mirando hacia la pared, intentando quedarme dormida de nuevo y deseando que las chicas de ese internado no fuesen tan molestas. No tardé mucho en volver a quedarme frita, pero a los 5 minutos o así la puerta de mi habitación se abrió de par en par, golpeando la pared que había detrás.
-¡BUENOS DIAAAAAAAAAS! –gritó Soph.
Cogí las sábanas y me las puse por encima de la cabeza.
-Un día te voy a llevar a que te extraigan las cuerdas vocales o te corten la lengua.

Capítulo 5.

Ver el comedor tan lleno de gente me parecía muy raro a pesar de que estaba esperando que llegase este día desde que empezó el verano.
La gente iba de aquí para allá con los platos en la mano, riendo y sin para de charlar de todo lo que se tenían que contar tras haber pasado un verano entero separados. Uno de segundo casi me tira su plato de espaguetis encima por estar demasiado pendiente en lo que su amigo le estaba contando.
Llegamos a nuestra mesa, pero antes de sentarnos divisé a Neil entrar por la puerta. Se le veía desorientado. Les dije a mis amigos que ahora volvía y fui hacia él.
-Hey, te ves algo perdido –le dije cuando estaba a su lado. Alzó los ojos hacia mí y pareció aliviado- Y no digas que no porque te lo noto en los ojos.
Rió y asintió.
-Me has pillado. La verdad es que no conozco a nadie excepto a ti, y casi me meto a la sala de actos en vez de al comedor.
-Oh, venga ya, ¿como has podido confundir el camino de la sala de actos con el del comedor?
-¿Estás de coña? Todos los pasillos de este internado son iguales. Bastante es que esté aquí ahora.

Capítulo 4.

Busqué a Maica y a Soph durante un rato por la planta baja del internado, y cuando salí del comedor y vi que no había ni rastro de ellas por ningún lado, decidí subir a las habitaciones que es dónde seguramente estarían.
Tonta de mí. La verdad es que a veces me sorprendía a mí misma mi forma ilógica de pensar las cosas. Haber, habían venido a quedarse todo un trimestre, conociéndolas llevarías 50 kilos de ropa a pesar de que teníamos que llevar uniforme, y no creo que precisamente les gustase tener que cargar con sus maletas hasta la hora de la comida.
Iba tan inmersa en mis pensamientos que, en las escaleras, volví nuevamente a chocarme con alguien.
No, si la cosa hoy iba de golpes. Y encima ahora ni siquiera iba corriendo.
Torpe.
-¡Eh! ¡Mira por donde vas Cassel!
Oh, no. Encima éste ahora no por dios, que me pego un tiro.
Retrocí un paso para verle la cara mejor y no tener que estar hablándole a sus pies. Aunque de todas formas daba igual, me sacaba una cabeza.
-Y yo que tenía la ligera esperanza de no tener que volver a verte la cara este año. –le respondí con mala cara.

Capítulo 3.

Sonó el timbre que anunciaba que los padres deberían despedirse de sus hijos e irse.
La madre de Maica y Alec se acercó a saludar.
-¡Hola, chicas! ¿Qué tal el verano, cómo ha ido? –nos preguntó a Sophie y a mí.
Su madre era igual que ellos. Pelo marrón, ojos marrones. Misma cara de determinación y decisión. Solo que ella llevaba gafas y además, a todo eso se sumaba a que yo la veía como un ejemplo de superación.
Tuvo que criar a sus dos hijos sola porque su pareja la abandonó cuando estaba embarazada. Por mucha rabia que le dé a Alec, la madre de Ethan le ayudó cuando más lo necesitaba. Ellas eran buenas amigas. Amigas de verdad.
-Pues el mío bien, he viajado por algunos sitios y eso, pero mis padres no se quedaban mucho, mi madre siempre ponía objeciones con el hotel o con el personal.
-Nunca cambiará… -murmuró tan bajo que solo lo oí yo. Se giró hacia mí.- ¿Y tú Crystal?
-Guay, he viajado de la capilla al comedor, y del comedor a mi habitación y eso. –dije, pero acabé con una sonrisa.
Ella me la devolvió.

5 dic. 2013

Capítulo 2.

La alarma sonó a las 7. 

Yo pegué un brinco, al menos había tenido un sueño profundo esa noche. Me estiré en la cama y apagué el despertador antes de que me sacase de mis casillas y lo estrellase contra la pared.

Volví a tumbarme en la cama y sonreí al acordarme de que ese día volvería a ver a mis amigos.

Me levanté con una energía que ni yo misma sabía que podía tener a esa hora de la mañana. Me cogí ropa y toalla y me fui a las duchas. 
Estuve un buen rato en el agua, relajada y disfrutando del poco silencio que le quedaba a Cimmeria. En unas pocas horas toda ella estaría llena.

Capítulo 1.

Este es otro verano más añadido a la lista de veranos pasados en Cimmeria.

No me malinterpretéis, me encanta este sitio, es solo que no puedo evitar sentir cierta envidia cuando llega el verano y tengo que ver como mis amigos más cercanos se van a sus casa a pasar las vacaciones con sus familias, mientras que yo me tengo que quedar aquí. 

Había veranos en los que íbamos a una casa de playa que los padres de Sylvain le compraron cuando era jóven, pero eso dejó de pasar hace dos años. Se ve que perdieron las ganas de conducir 5 horas seguidas.



Cimmeria ha sido mi hogar siempre. He crecido corriendo por los jardines traseros, jugando al escondite por los largos pasillos con mi medio hermana, cazando mariposas en primavera y haciendo angeles de nieve en invierno. Una buena infancia, se podría decir.
Sólo hay un único detalle que hace que mi vida no haya sido como la de las otras chicas que conozco, y es que no sé quiénes son mis padres.