18 feb. 2014

Capítulo 11.

Puse las manos en el frente y empecé a agitarlas para comprobar que no había nada delante mío. Luego me empecé a agachar para ver si había algo por el suelo.
-¿Qué se supone que estás haciendo?
-Comprobar que no hayas puesto nada justo enfrente mío –le respondí como si fuese lo más lógico del mundo.
-No hay nada –resopló impaciente.- Venga da un paso hacia la izquierda.
Lo pensé un momento, pero entonces de hice caso.
-Vale, ahora dos pasos al frente.
Lo hice, pero enseguida mis espinillas chocaron con algo duro de metal. Un banco.
Solté un gemido de dolor. Lo sabía.
-Muy maduro Bennet. –mascullé.
-Oye, yo te he dicho dos pasos. Tú has pegado dos zancadas. –me contestó, pero pude distinguir que estaba aguantándose la risa.- Vale ahora da unos cuantos pasos a la derecha hasta que notes que el banco se acaba.

Capítulo 10.

-¿Disfrutaste el castigo de esta mañana, Cassel? -Sip, este fue el saludo que me dirigió el guapo de Zelazny en cuanto crucé las puertas. Escuché la risa de Nat desde la otra punta, pero lo dejé correr.- A ver si aprendes a no discutirle a un profesor.
Le hice un signo de OK con el dedo, que ignoró completamente.
-Hoy seguiremos con lo que ya os estuve planteando ayer. Pero antes –se llevó el silbato que siempre llevaba al cuello a los labios.- Diez vueltas sin parar alrededor de la pista.
Silbó y todos nos pusimos a correr. Quejándonos, obviamente.
-¡NO QUIERO NI UNA PROTESTA!
Puse los ojos en blanco y me uní a los demás. Específicamente, a Alec. Siempre llevaba mi ritmo.
-¿Qué hay Patel? –saludé.
-Hay que ya me estoy muriendo y no he dado ni dos vueltas. –dijo entrecortado.
Este chico…
-Eso te pasa por fumar, bobo. Te lo tengo dicho.
Me miró con pena.
-Sabes…que lo intento. Pero…me…cuesta demasiado. –solo le faltaba sacar la lengua para parecerse a un perro- Como alguna vez os vea a ti, a Soph, o a Maica…probar una sola calada a un cigarro…juro que os mataré.
Sonreí. Siempre tan atento.

Capítulo 9.

Cuando acabó mi turno de castigo, estaba reventada. Me dolían las manos y las piernas, de estar tanto tiempo en cuclillas.

Falta de costumbre, pensé.

Y me cansaba todavía más solo de pensar en las 2 horas de química que me esperaban.

Mátenme, por favor.

Me di la ducha más rápida que probablemente había tomado en toda mi vida, y bajé al comedor a desayudar con todos los demás, aún con el pelo mojado.

-Cassel, algún día cogerás una pulmonía y te acordarás de mis palabras -me dijo Alec en cuanto me vio aparecer por la mesa.

-Si, sobre todo me acordaré de cómo me prometiste cuidarme si algo así me ocurría. -bromeé.

Maica se rió al lado de su hermano.

-Ni siquiera va a comprar aspirinas a la farmacia cuando yo se lo pido.

Negué con la cabeza lentamente.

-No hay que ser tan roñoso, hombre.

-Que graciosa estás hoy, ¿eh? Tienes que hacerme caso cuando te digo que madrugar a veces ayuda a estar mejor. De hecho, pienso levantarte como la última vez todas las mañana que quedan.

-¿Creo haber oído una amenaza? -me puse la mano en el oído, haciendo como que le escuchaba mejor.

-No lo sé, eso depende de tu capacidad auditiva. -contraatacó.