18 feb. 2014

Capítulo 9.

Cuando acabó mi turno de castigo, estaba reventada. Me dolían las manos y las piernas, de estar tanto tiempo en cuclillas.

Falta de costumbre, pensé.

Y me cansaba todavía más solo de pensar en las 2 horas de química que me esperaban.

Mátenme, por favor.

Me di la ducha más rápida que probablemente había tomado en toda mi vida, y bajé al comedor a desayudar con todos los demás, aún con el pelo mojado.

-Cassel, algún día cogerás una pulmonía y te acordarás de mis palabras -me dijo Alec en cuanto me vio aparecer por la mesa.

-Si, sobre todo me acordaré de cómo me prometiste cuidarme si algo así me ocurría. -bromeé.

Maica se rió al lado de su hermano.

-Ni siquiera va a comprar aspirinas a la farmacia cuando yo se lo pido.

Negué con la cabeza lentamente.

-No hay que ser tan roñoso, hombre.

-Que graciosa estás hoy, ¿eh? Tienes que hacerme caso cuando te digo que madrugar a veces ayuda a estar mejor. De hecho, pienso levantarte como la última vez todas las mañana que quedan.

-¿Creo haber oído una amenaza? -me puse la mano en el oído, haciendo como que le escuchaba mejor.

-No lo sé, eso depende de tu capacidad auditiva. -contraatacó.


-Está bien, está bien, sois peor que dos hermanos -intervino Soph poniendo los brazos entre nosotros.

Nos reímos y yo empecé a devorar, literalmente, mi tostada. Me rugían las tripas desde hacía horas.

-Uoh, Crys, mujer, descansa, no queremos que te nos mueras -me dijo Jev.

Lo miré de mala manera tragándome el pedazo de tostada.

-¿Qué? Tú no has tenido que estar UNA hora quitando hierbas en el jardín. Allá fuera pensé que se me había formado un agujero en el estómago, en serio.

-¿Qué tal fue tu castigo? -preguntó Neil.

-Comos los de siempre. Aburridos.

No les conté el comportamiento extraño de Ethan, simplemente no lo veía importante.

-¿Cómo los de siempre?

-Si. Querido Obkey, estás ante la Cassel más problemática que haya tenido Cimmeria. -contestó Soph pasándome los brazos por los hombros.

-Técnicamente, -me sacudí su brazo- no soy una Cassel.

-Tú me entiendes.

Puse los ojos en blanco. Si, la entendía.

-¿Pero tu padre no es el director? -siguió el holandés.

-¿Y? No por eso soy distinta. -me encogí de hombros.- Además, los castigos me los gano. -acabé riendo.

-Y de verdad. Me acuerdo de esa vez que Cole te pilló haciendo skate por los pasillos de los dormitorios. -me recordó Maica.- Fue la única vez que lo ví realmente enfadado por algo.

Me carcajeé al acordarme.

-Ama demasiado la tapicería. Lo que me recuerda... Que tenemos que repetirlo alguna otra vez. -sonreí de medio lado.

-Tú, mi querida nueva mejor amiga -Neil me señaló con el cuchillo- estás loca.

-Dime algo que no sepa -le guiñé el ojo.



La clase de química fue, como siempre, un asco.

El profesor, James Steph, era bastante amable. Del tipo Jerry Cole. Solo que se pasaba demasiado mandando tarea. 

Era un hombre bastante joven, a decir verdad. Le echaba como mucho 25 años.

Por lo menos, no tuvimos que hacer ninguna mezcla de sustancias peligrosas.

Si hubiese sido el caso, no salía viva.

Mientras estábamos en silencio haciendo un ejercicio, vi por el rabillo del ojo que Soph me pasaba una nota. La metí debajo del libro y, cuando Steph se dio la vuelta, la leí.

"¿Sabes algo acerca de Claudia?"

Miré confundida la nota. Rápidamente me contestó:

"Claudia Deep, de último curso. No ha aparecido este año."

Seguía sin entender nada.

"¿Y qué problema hay? No habrá querido venir. O se habrá mudado, o yo que sé. ¿Por qué me lo preguntas?"

Claudia Deep era una estudiante de último curso de Cimmeria. Era muy buena alumna, siempre sacaba matrículas de honor y era amable con todo el mundo. Pero jamás nos cruzamos con ella o entablamos alguna conversación. ¿Por qué Sophie estaba tan preocupada por su ausencia?

"Tú mejor que nadie sabes como sus padres amaban Cimmeria. No creo que haya sido cosa de ellos. Y Clau no tenía razones para querer irse, se le veía muy a gusto."

No entendía a mi amiga. Vale, si, sabía que cuando algo se le metía en la cabeza , era difícil que se olvidara de ello, pero es que no tenía sentido.

A veces me ponía a pensar que Soph sería una buena detective.

La miré y sus ojos verdes me observaban indescifrables. Yo negué con la cabeza y le respondí:

"Bueno, pues si me lo preguntas porque crees que Sylvain me ha dicho algo al respecto, quítatelo de la cabeza. No he hablado con él desde el primer día."

Se la pasé y ahí quedó zanjada nuestra conversación a boli. Pero no la verdadera conversación.

En cuanto sonó la campana, Soph prácticamente se abalanzó sobre mí.

-¿De verdad que no te intriga para nada el asunto?

Yo resoplé.

-Haber, sabes que mi punto débil es la curiosidad, pero es que esto lo veo muy ordinario. -expliqué- Sus padres finalmente se habrán cansado de traerla aquí y habrán buscado otra escuela con los niveles adecuados a la capacidad de su hija. Yo siempre pensé que era superdotada o una especie de cerebrito que se estudia hasta la última palabra del tema.

-No te desvíes del punto, Crys. -me cortó la pelirroja.- Mi madre siempre me cuenta lo unidos que estaban los Deep a este internado. Que hasta el tatarabuelo de Clau asistió a Cimmeria. No veo lógico que al último año de acabar sus estudios, Claudia decida irse. Simplemente no me entra en la cabeza.

Parecía realmente que le iba a salir humo del cerebro.

-Bueno, tranquila, si te quedas mejor, me jugaré la vida e intentaré encontrar algo por los papeles de Sylvain.

A Soph, literalmente, le brillaron los ojos de entusiasmo.

-¿De verdad? Dios, Crystal, eres la mejor -se lanzó a darme un abrazo.

-Ya, ya, no hagas un mundo de esto -me reí.

-Bueno -respiró hondo. Realmente no podía con su entusiasmo- ¿Y cuando empezamos a buscar?

-¿Cómo? ¿Empezamos? -negué enérgicamente con la cabeza- Ni de broma. Si ya es bastante difícil hacerlo por mi cuenta que soy una, las dos ni te cuento. Nos cazan seguro. Y te digo que no es agradable estar castigada. Por experiencia.

Soph hizo pucheros.

-Por fis.

-Que no -dije convencida. -¿Quieres que busque algo, si o no?

Asintió de mala gana.

-Pues ya está, chitón -le dibujé una sonrisa con los dedos. -Ahora, a nuestra genial, sorprendente, inigualable y gratificante clase de educación física -dije con fingido entusiasmo.

Soph soltó un quejido.

-¡Vamos, Giltmore, sé que puedes esforzarte más, pedazo de vaga! ¡Empieza a confiar más en los demás, porque es esencial para la vida! -hice una mala imitación del señor Zelazny.

Algunos de primero se me quedaron mirando.

-Chica, me das vergüenza ajena.

-Sabes que no. Estas son las consecuencias de no haber dormido como dios manda.

-Excusas.

Le di un empujón y nos dirigimos al pabellón.

Señoras y señores, el infierno estaba a punto de comenzar.

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