18 feb. 2014

Capítulo 11.

Puse las manos en el frente y empecé a agitarlas para comprobar que no había nada delante mío. Luego me empecé a agachar para ver si había algo por el suelo.
-¿Qué se supone que estás haciendo?
-Comprobar que no hayas puesto nada justo enfrente mío –le respondí como si fuese lo más lógico del mundo.
-No hay nada –resopló impaciente.- Venga da un paso hacia la izquierda.
Lo pensé un momento, pero entonces de hice caso.
-Vale, ahora dos pasos al frente.
Lo hice, pero enseguida mis espinillas chocaron con algo duro de metal. Un banco.
Solté un gemido de dolor. Lo sabía.
-Muy maduro Bennet. –mascullé.
-Oye, yo te he dicho dos pasos. Tú has pegado dos zancadas. –me contestó, pero pude distinguir que estaba aguantándose la risa.- Vale ahora da unos cuantos pasos a la derecha hasta que notes que el banco se acaba.

Puse la palma de mi mano encima del banco y caminé hasta que debajo de ésta solo había aire.
-Camina recto hasta que yo te diga que pares.
Fui dando pequeños pasitos, con las manos al frente claro. Pero Ethan no me decía nada. Me paré y me puse a escuchar. ¿Estaba hablando con alguien mientras yo estaba aquí a punto de matarme con los ojos vendados?
Apreté los dientes y seguí caminando. Bien, podía hacerlo sola. Terminaría el recorrido sin su ayuda.
Mala idea.
A unos cuantos pasos más por delante, mi frente se estrelló contra un palo. No me jodan, ¿también habían movido la portería de sitio?
-¡Joder! ¡ETHAN! –le llamé, harta.
-Esto, te dije que pararas –intentó decir.
-Y una mierda, ¿quieres dejar de hablar con la gente y venir a guiarme bien de una jodida vez antes de que me rompa algo? –le espeté.
-¿Estas admitiendo que eres torpe?
-No, te estoy diciendo que por lo menos me digas por donde NO tengo que pasar, imbécil.
-Vale, no tienes que pasar por el lado izquierdo. Hay una pelota.
Ya no me fiaba de él, así que precisamente fui por el lado izquierdo.
Y otra vez, mi instinto apestaba.
Pisé algo blando que hizo que me tambaleara hacia los lados. Me hubiese caído si unas manos fuertes no me hubiesen sujetado por la cintura.
-Te dije que por ese lado no. –me dijo Ethan al oído, haciéndome cosquillas. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.- Tienes que aprender a ser menos desconfiada.
-Y tú a tomarte las cosas más en serio –dije lo primero que se me ocurrió.
Me soltó y me prometió hacerlo bien esta vez. Sorprendentemente, solo me choqué una vez más y debo admitir que fue por mi culpa.
-¡CAMBIO! –la voz de Zelazny retumbó por todo el recinto, acompañándola con su silbato.
Me quité la venda de los ojos. Los tuve que entrecerrar porque ahora lo veía todo demasiado brillante.
-Te toca –se lo lancé a Ethan, que le dio en el pecho. Lo cogió al vuelo y se lo ató a la cabeza.
-Espero por el bien de ambos, Cassel, que hagas bien tu trabajo.
Si, igual de bien que hiciste el tuyo al principio.
-No vas a notar ni que tienes los ojos tapados. –le contesté. Suerte que no veía la sonrisa que se había formado en mi cara.
Zelazny dio su señal de que podíamos empezar a gritos. Como no.
Revisé la situación. A unos pasos a la izquierda de Ethan, había un balón de fútbol. A la derecha una cuerda colocada entre dos palos a la altura de los muslos. Y en frente, unos palos colocados verticalmente como formando una barrera. Tomé mi decisión.
-Ve hacia la derecho andando despacito. –le dije.
Etha avanzó a traspiés en la dirección que yo le indicaba.
-Para, ahora tienes una cuerda delante, no es muy baja, te llegará por las rodillas. –le comuniqué- Solo puedes ponerte a gatas y pasar por debajo de ella.
Si pudiese ver, seguramente me estaría perforando con la mirada.
-¿No puedes simplemente indicarme un camino más fácil dónde no me tenga que agachar o arrastrarme por el suelo? –soltó enfadado.
-Oh, venga, ¿no le vas a poner un poco de diversión al asunto, Bennet?
-No si te tengo que hacer caso a ti.
-Bueno, yo he pasado por lo mismo, no sé si te habrás dado cuenta, y encima mañana tendré un huevo en la frente y varios morados en las espinillas por, adivina qué, tú culpa.
Sus puños se apretaron en sus costados.
-Vale.
¿Solo iba a decir una simple palabra de afirmación? ¿Vale?
Me había decepcionado.
Se inclinó hacia el suelo y posó sus rodillas en el uniforme suelo del pabellón. No le dije nada, no hacía falta, estaba avanzando en la dirección correcta y, desde donde yo veía, no había problema de que se chocara la cabeza con la cuerda.
Aunque nunca se sabe, sería bastante divertido.
Pero no hizo falta hacerle ninguna jugarreta, pues no vi como por su lado derecho venía un completo desorientado Neil, con una gritona y nerviosa Soph chillando tras él.
-¡NEIL, POR AHÍ NO, TE LO LLEVO DICIENDO DESDE HACE 2 MINUTOS! –exclamaba Soph. Se paró al lado mío jadeando- Ah, que le den, si se mata que no me pida que le pague el servicio de emergencias.
Neil parecía divertirse de la frustración de mi amiga, y estábamos demasiado entretenidos como para darnos tiempo a avisar a ambos chicos de que se iban a chocar.
Pasó cómo a cámara lenta. Neil iba a paso ligero, Ethan a paso de tortuga pero a gatas, y ninguno de los dos notó como se iban acercando. El pie del holandés se atrapó en el costado de Ethan, haciendo que éste se cayese al suelo de lado y Neil casi se rompiese la cara contra el suelo. Por suerte, puso las manos y como mucho tendría dolor de muñecas.
En resumen, los dos rubios acabaron tumbados en el suelo en un lío de piernas y manos.
-¡PERO QUÉ DEMONIOS…! –gritó Ethan, quitándose el pañuelo de los ojos furioso y poniéndose de pie.
Oh, vamos, solo había sido un golpecito.
A mi lado Soph se había tapado la boca con las manos y ahora iba a ayudar como pudiese a levantar a Neil. Yo la seguí.
-Te voy a matar, chico nuevo… -amenazó Ethan poniéndole un dedo delante de la cara a Neil quien, no me pregunten por qué, seguía con los ojos tapados.
Se quitó el pañuelo lentamente, pero no parecía ni molesto ni intimidado.
-Hey, relájate amigo, no ha sido para tanto… -le sonrió Neil cogiéndole el dedo y bajándolo de la altura de su cara.
Ethan se zafó de él de mala manera.
-Yo no soy tu amigo. –escupió- Ni tengo intención de serlo, asqueroso holandés.
Bien, ahí se pasó. Hora de que Crystal Cassel intervenga y no de buenas.
-Eh, Bennet –me interpuse entre ambos- no le vuelvas a llamar así si no quieres acabar con la nariz sangrando.
Wow, me sorprendí hasta yo de lo fría que soné, pero es que odiaba profundamente que alguien insultase a mis amigos.
Ethan alzó una ceja, sorprendido. ¿O dolido? No, no, era sopresa, lo otro era imposible.
-No te metas en esto, Cass.
¿Cass? Esto era nuevo, nunca antes me había llamado Cass.
-¿Qué no me meta en esto? –me sorprendí- Él es mi amigo y tú acabas de insultarlo, creo que tengo todo el derecho del mundo a meterme si me da la gana.
Ethan rió amargamente.
-Ahora entiendo cuando tu hermana dice que cuanto más creciste, más se iban pudriendo tus buenos gustos.
-Bueno, resulta que no me importa lo que piense. –objeté de mala manera.- ¿Y por qué te has puesto de mala manera por un golpe en el que probablemente él se haya hecho más daño que tú? Pensé que al final podríamos terminar esta clase sin querer matarnos mutuamente.
La campana sonó, pero Ethan y yo seguíamos mirándonos fijamente. Dio dos pasos hacia mi hasta que me tuvo enfrente.
-Nunca va a cambiar eso entre nosotros, supéralo de una vez, niñata –dijo lentamente. ¿Soy solo yo o eso sonó demasiado engreído?
Me quedé parada en el sitio, a punto de soltarle cualquier insulto, pero ya no estaba allí.
Sus palabras resonaron en mi cabeza. Lo había dicho como si yo me empeñase en cambiar las cosas entre nosotros, como si lo necesitase.
Una mierda.
Como si hubiese sido yo la que me había comportado extrañamente en el jardín o cuando casi me caigo con la pelota. Apreté las uñas en las palmas de mis manos, furiosa con él.
Una vez más.

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