8 ene. 2014

Capítulo 7.

-No me puedo creer que el de Biología ya haya mandado el primer trabajo. 

-Es para dentro de un mes, Soph. 

-Ya lo se, pero aún así, es un amargado. ¿Es que él no ha sido adolescente?  

-No se, chispa, tal vez paso de jugar con los coches de juguete a abrir animales por la mitad. -bromeé.

 -No me llames chispa. Ya no somos pequeñas. 

-¿Y? Me hace gracia como me referí a tu pelo la primera vez que nos conocimos. 

Sophie rodó los ojos. 

-¿Donde estará Maica? 

-No lo sé, pero como llegue tarde a clase de Educación Física, la mato.  

-Estamos hablando de Maica y la Educación Física. Da por echo que, si no se fuga, llegará tarde. 

-Pues como se entere su madre…


Entramos al gimnasio del internado y lo cruzamos para llegar a la puerta de los vestuarios. Quien quería se podía cambiar ahí, y quien no se podía ir a su habitación a ponerse el equipo, siempre y cuando no llegase tarde.  Si lo hacía, era persona muerta.

-¿Qué crees que haremos hoy? ¿Correr 10 kilómetros seguidos o hacer 50 flexiones sin parar?  

Me puse a malas penas la camiseta.  

-Tratándose de Zelanzy, ambas cosas. -me contestó Soph dando saltitos para ponerse los pantalones. 

-Sabes, puede que sea el profesor de gimnasia, pero jamás le he visto correr. -comenté. 

-Disfruta demasiado viéndonos sufrir. 

Oímos el silbato y nos apuramos a guardar nuestras cosas en las taquillas. 

-Si, pero no me negarás que le sobran algunos quilitos -le susurré antes de que abriese la puerta de los vestuarios. 
Soltó una risita y nos amontonamos alrededor del profesor. 

Maica estaba al lado de su hermano, un poco más a la derecha de donde nosotras nos encontrábamos. 

-Bueno chicos, como ya he dicho otros años, de mi no esperéis que os de una charla de bienvenida. -su voz era potente y áspera. Daba un poco de miedo, sobre todo cuando se enfadaba. Lo que venía a ser casi siempre.- Solo deciros a los nuevos y recordaros a los de siempre, que seáis puntuales como una reloj. Como alguien llegue tarde a mis clases, que se vaya preparando para un trabajo duro en el cementerio o el jardín trasero.

Se iba paseando de un lado del corro a otro, con las manos detrás de la espalda. Me recordó a uno de esos sargentos militares dándole instrucciones a sus soldados.

-Este curso seguiréis practicando la resistencia física. Creedme cuando os digo que os haré sudar –nos miró malévolamente. O a lo mejor solo eran imaginaciones mías. Aunque opto por lo primero.- Pero aparte de todo eso, os haré trabajar algo más importante que el estar fuertes y saber defenderse de ataques. Algo mucho más esencial para la vida cotidiana. Algo con lo que si se trabaja bien, os ayudará mucho de aquí en adelante.

Hizo una dramática pausa, consiguiendo lo que él quería, que estuviésemos bien atentos y callados.

-La confianza. –dijo finalmente.

Hubo un revuelo entre los alumnos. Yo me quedé quieta en mi sitio, junto a Soph. Ninguna de las dos decía nada. ¿La confianza? ¿De verdad era eso lo que nos iba a poner a trabajar el duro, estirado y temperamental Zelanzy? Parecía demasiado fácil.

-¡Callaos! Sé lo que estáis pensando. ¿Qué tiene que ver la confianza con la Educación Física? En realidad nada. Pero mi objetivo es que cuando acabemos de trabajar este punto, sepáis confiar en las personas correctas. Y, al mismo tiempo, no llegar a ser tan desconfiado con otras. Porque todos los que estamos aquí somos un colectivo, y todos tenemos que aprender a confiar entre nosotros, ¿estamos? Incluso en mí.

-Vaya, eso a sonado cursi hasta viniendo de él. –le susurré a Soph divertida. La verdad es que no me desagradaba la idea de trabajar la confianza. Y como seguramente era un trabajo por parejas, me lo ponían mucho más fácil ya que no se podía tener más confianza entre Sophie Giltmore y yo.

-¿Ha dicho algo, señorita Cassel?
Dejé de sonreir al momento y vi cómo Zelanzy se acercaba a mí pausadamente. 

Ups.

-No, nada. –le respondí lo más tranquila que pude.

-¿Le parece bien el punto que vamos a trabajar este curso? ¿O es demasiado mundano para la hija del director? –dijo fríamente.

Apreté los puños en mis costados e intenté no abalanzarme sobre él y darle un puñetazo en toda su asquerosa cara. Más que nada porque me habría tumbado en 1 segundo.

-Me parece fantástico. –mascullé, intentando sonar realmente eufórica.

No lo estaba para nada.

-Bien, bien –dijo satisfecho, restregándose las palmas de las manos.- Porque yo hago los equipos –levantó la voz  para que le escuchara todo el mundo.- Y a usted –me señaló con su grasiento dedo. – le toca ir con el señor Bennet.

No. Me. Jodan.

-¿Qué? ¡VENGA YA! –oí como Ethan protestaba también.

Maldito hijo de puta. Ojala te caigas por las escaleras un día.  Maldecí internamente a Zelanzy.

-¡No quiero ni una sola queja! –respondió él- Haber tú, Giltmore, tú vas con el nuevo, el señor Obkey. Patel chico con la otra Cassel…

Dejé de prestar atención a las parejas que el sapo iba haciendo. ¿De verdad tenía que joderme todo un curso? ¿DE VERDAD? El primer día de clase empezaba a apestar.

Me dí cuenta de que todo el mundo se estaba colocando al lado de sus parejas y que Ethan y yo éramos los únicos que seguíamos separados. Bien, yo no iba a moverme del sitio.

-Vale, ahora que estás los grupos hechos… -Zelanzy se fue de nuevo al centro del gimnasio.- Empezaréis por ayudaros a estiraros. Quiero un calentamiento bien hecho. Cómo vea a una sola pareja quedarse quieta… -hubo quejas por parte de todos, pues siempre amenazaba con los mismos castigos.- Oh, al cuerno, ¡empezad ya!

Seguía cruzada de brazos en el mismo sitio. Me giré lentamente a mirar a Ethan.
Estaba a unos metros de mí, mirándome alzando una ceja. ¿Qué intentaba decirme? ¿Qué el tampoco pensaba moverse? Las demás parejas ya habían empezado.

Pero si hay algo en lo que no me gana nadie es a ser cabezota.

-¡No os oigo quejaros! ¡y si no os oigo quejaros es porque no estáis estirando bien!

¿Cuando pensaba este hombre dejar de chillar?

Entrecerré los ojos hacia Bennet, que ahora había empezado a dar golpecitos con el pie. Bien, se estaba impacientando. Iba a mirar hacia otro lado, pero me percaté de que me estaba vocalizando algo.

Quieres venir de una jodida vez.

Más le valía no haber intentado decirme eso. Le respondí de vuelta.

Ven tú, capullo.

A ver si se creía que le iba a hacer caso. Él resopló impacientado.

-¡SERÁ POSIBLE! –Zelanzy casi hace que salte del sitio del susto, literalmente. Estaba a unos pasos de mí.- ¡BENNET Y CASSEL, SABÉIS QUE ME GUSTA LA COMPETITIVIDAD PERO COMO NO OS PONGÁIS DE UNA MALDITA VEZ A CALENTAR OS VAIS FUERA DE CLASE!

No hizo falta, pues el sonido de la campana resonó por todo el gimnasio y la gente ya estaba empezando a ir a los vestuarios.
Sonreí burlonamente a Zelanzy y me di la vuelta para irme a cambiarme.

-Ah, no tan rápido. –protestó el profesor. Joder. – Debido a la productiva clase de gimnasia que habéis tenido hoy, vosotros dos mañana por la mañana, a limpiar de matas el jardín trasero.

-Pero… -empecé a protestar.

-Zelanzy, yo no puedo, estoy medio malo y …

-¡Ni una sola excusa, Bennet! ¡Os lo habéis buscado vosotros solos! –se le empezaba a marcar demasiado la mandíbula.- Ahora, ¡fuera de mi vista!

Me fui resoplando, pero Ethan me empujó al pasar por mi lado.

-Muchas gracias Cassel, eres la reina de los problemas. –me espetó.

-¿Perdona? Esto ha sido cosa de los dos, idiota.

-Si no hubieses abierto la boca en primer lugar, no te habrían puesto conmigo.

Desapareció por el vestuario masculino, pero aún así le saqué el dedo del medio.


Esto era todo un récord incluso para mí; el primer día, el primer castigo del año. Bien Crys, te estás luciendo.

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